Periodismo transmedia: conflictos en lugar de noticias

Aviso: después de una gran pérdida personal, he vuelto a escribir en el blog. He salido de un bache muy serio, espero poder ponerme al día con todos vosotros muy pronto. De momento, os dejo con este artículo.

Que el periodismo está en crisis ya no es noticia. Ni siquiera las causas del desastre se merecen un titular; hace tiempo que ese debate monopoliza todo tipo de debates. La primicia sería encontrar una solución a esta sangría. Los medios han emprendido todo tipo de campañas para recuperar ingresos, desde muros de pago hasta integración social. Pero hay una corriente que merece especial atención, por lo novedoso y (quizás) prometedor: el periodismo transmedia.

Jugar al periodismo

Transmedia, expandido, integrado… Muchos nombres recibe aquel tipo de periodismo que no busca solo rellenar la página o el minuto de informativos, sino expandir la información más allá de los formatos. Esta vertiente nace de una premisa crucial: el periodismo no vive de soltar información, datos puros, sino de elaborar noticias, reportajes… El periodismo transmedia ofrece mundos en lugar de historias, complejos tapices en vez de retales aislados. “Si algo me gusta, quiero que continúe más allá de la entrega semanal”, aseguraba un responsable de Hollywood a Henry Jenkins. Se trata de ofrecer experiencias que completen nuestra lectura; nos suscribimos a Le Monde Diplomatique no solo por su contenido, sino por su valor añadido: reputación, afinidad, nuevas perspectivas. Entonces, ¿por qué no ampliar esas sensaciones y, de paso, contar todo lo que nos censura la falta de espacio y/o tiempo?

The Guardian abrió la semana pasada una cafetería en Londres, donde espera que vayan sus periodistas y los de otros medios, además del público en general. Más allá de los beneficios que pueda traer un bar, el objetivo es seguir trabajando en un periodismo abierto y transparente, además de permitir al ciudadano acceder a toda la información que se queda fuera de la noticia. Algo similar ocurre con los buses turísticos fletados en Estados Unidos por medios como TMZ o The New York Times. Estas rutas nos permiten ponerle cara a políticos, jueces o actores cruciales en la actualidad diaria pero que nunca aparecen en la televisión.

No hay que distraerse por los fuegos artificiales. El periodismo transmedia no es solo nuevas formas de consumir contenido, sino llevar ese contenido por diferentes plataformas, expandiéndolo. En este aspecto, el trabajo de Jordi Pérez Colomé es ejemplar. Periodista freelance, comenzó publicando en su blog, Obamaworld, para luego proseguir con esas historias en libros y colaboraciones con otros medios. Es el primer periodista que hace del transmedia un modelo de negocio consolidado, ofreciendo charlas para las instituciones que sufragan parte de sus viajes mediantecrowdfunding. El mundo real se expande a través de libros, blogs y charlas, justo igual que la franquicia Star Wars crece con películas, series, novelas o cómics. Lo revolucionario para el periodismo es que este modelo, además de ofrecer mayor independencia y libertad, permite diversificar los ingresos y el contacto con los lectores: ganar dinero sin vender (demasiado) el alma al diablo.

El periodismo conlleva esfuerzo y trabajo, no solo cotilleos y retuiteos de gente anónima. Durante décadas, el periódico ha estado sufragado a menudo por las secciones ligeras (hermoso eufemismo para los temas que nos interesan aunque nos avergoncemos de ellos). Muchos lectores centrados solo en deportes o economía compraban el paquete entero porque no tenían más remedio. Ahora que el periodismo redefine todos sus conceptos, debemos repensar también la experiencia que ofrecemos al lector.

Fuck yeah, Obama

Vale, Obama ya dispone de otros cuatro años en la Casa Blanca. Más allá de todo tipo de vaticinios (los pesimistas tienen especial arraigo, nos gusta que los demás sufran), todos los análisis coinciden en que Obama ya ha hecho historia. Su raza, su retórica y su imagen lo han puesto allí. Su gran poder ha sido la esperanza, el lema de su primera campaña, y la construcción de símbolos que uniesen al electorado. De hecho, ciertas figuras se han convertido en creaciones populares, auténticos memes que han sido explotados para cualquier fin, desde meras bromas hasta auténticas sátiras políticas.

¿Cuál es más real?

¿Cuál es más real?

Todos recordamos el icónico cartel Hope de Obama, creado en 2007 por el artista Shepard Fairey. Pronto surgieron las parodias y hasta páginas que permitían aplicar el mismo efecto a las fotos subidas. Esta apropiación de la política es un rasgo propio de los usuarios transmedia, que no se limitan a consumir la información sino también a reinterpretarla, hacerla suya. Un gran acierto de la campaña de Obama fue seguir esta técnica para que los usuarios también construyesen este lenguaje, este mundo. Las ventajas de esta estrategia resultan casi obvias: identificación inmediata, asociación de valores, impacto en la red…

Hasta aquí, todo es más o menos bonito. Bueno, hasta la convención republicana el 30 de agosto, en la que Clint Eastwood trató de ridiculizar a Obama dirigiendo su discurso hacia una silla vacía. La respuesta no fue organizada, salió de un corresponsal, pero se expandió como la mejor campaña. Nadie recuerda los argumentos o las demás intervenciones de la convención; solo la estupidez de Eastwood, trending topic en Twitter como #eastwooding. Aunque lo mejor de todo fue la respuesta del presidente, que respondió a la vez con fuerza y humor a sus adversarios:

Hay muchos más ejemplos (Know your meme tiene una categoría entera) pero el meme de la silla vacía es un buen ejemplo del poder de la política transmedia. Al igual que la cultura popular llega más rápido y más profundo que las políticas culturales de cualquier gobierno, los ciudadanos atienden más a su propia crítica política. Desde las viñetas diarias en los periódicos hasta Buenafuente o Saturday Night Live, la reapropiación informal de temas “serios” provoca fans de la política, como apuntó Henry Jenkins. Buena parte de los internautas actuales conocen la actualidad y los nombres de políticos gracias a las bromas continuas en Twitter y lostrending topic más ingeniosos. Si tus votantes y consumidores hablan un nuevo lenguaje, ¿vas a seguir tirando de tu repertorio de arcaísmos?

Cuando la ficción te critica en Twitter

Esto empieza a ser ya una tradición: perdonad la irregularidad en actualizar, tengo asuntos personales que me quitan todo el tiempo.

Cuando nos gusta de verdad una serie o una película buscamos más información, más detalles de ese mundo de ficción. Prácticamente desde la llegada de Internet, los productores han aprovechado este filón para alimentar a los consumidores y ofrecerles más contenidos, como el diario del protagonista de la serie Dawson Crece. La mayoría de estas técnicas transmedia son acciones puntuales de mero marketing, como los perfiles ficticios de Twitter que solo hablan sobre contenidos de la propia ficción. Pero en ocasiones van más allá y “traspasan” la frontera entre realidad y ficción. Por ejemplo, las cuentas de los personajes de The Newsroom.

Esta serie, centrada en una redacción de un programa de noticias, destaca por el idealismo (inherente a su creador, Aaron Sorkin) y la crítica al periodismo actual. Siguiendo este espíritu, varios fans de la ficción llevaron estos protagonistas a Twitter, donde comentan la actualidad.

Todos los protagonistas de la serie tienen su propia cuenta, actualizada por diferentes seguidores. Esta iniciativa cuenta con el apoyo de la cadena HBO, que incluso renunció a controlar dichas cuentas (“Están disfrutando con el trabajo gratis”, explica una de las fans).

Los perfiles ficticios en Twitter no son una novedad. Los Shorty Awards tienen una categoría específica para ellos, mientras que la red social regula estas cuentas ensus condiciones de uso. Sin embargo, pocos lo hacen con la exactitud al personaje como los casos de The Newsroom o El Ala Oeste de la Casa Blanca, ambas de Aaron Sorkin.

Los actores de El Ala Oeste son noticia además por su reunión 6 años después de que acabase la serie. El objetivo es apoyar la candidatura de Bridget Mary McCormack a la Corte Suprema, además de recordar la importancia del voto en la parte de la papeleta sin partidos (nonpartisan section).

Todas estas iniciativas destacan el gran poder que pueden desempeñar los contenidos de ficción a la hora de cambiar la realidad, así como el rol cada vez más poderoso de los consumidores en el proceso productivo. Siguiendo con la lógica transmedia, si estos contenidos se desarrollan y los personajes comentan la realidad, los lectores pueden convertirse en fans de la política o del periodismo gracias a simples cuentas de Twitter. Además de ayudar a cambiar el periodismo, la política o la sociedad al completo. ¿Por qué no?

Leonard Cohen

Antes de nada, perdonadme que lleve tanto tiempo sin publicar nada. Es una mala época en lo personal y tengo poco tiempo libre. Pero tranquilos, sigo vivo y con ganas de compartir con vosotros lo importante de la vida. En este caso, la admiración hacia un gran hombre.

Leonard Cohen no es un cantante, no es un poeta, no es un escritor. No cantaba, no escribía ni en verso ni en prosa. No reunía palabras bonitas que te hicieran sentir, no jugaba a colocar sonidos y metáforas con cierto orden. Cohen no tenía historias profundas que contar, personajes que fueran reales o universales, escenas que arrebataran hasta el último suspiro.

Leonard Cohen es un hombre. Desea a las mujeres, a todo tipo de mujeres, y de todos los modos. Cohen quiere que le hagan una mamada en una cama desecha. Quiere quedarse días mirando el río, junto a su amor. Quiere crack y sexo anal. Arrebató mujeres, fue infiel, se hartó de alguna y le dijo adiós, hasta la vista.

Leonard Cohen es un sentimiento. Cohen siente las palabras, los acordes, y se derrama sobre ellos, majestuosamente. Cohen siente la revolución, los pasos hacia el cadalso o hacia la victoria. Siente la verdad, la realidad más absoluta que todos sabemos y ninguno queremos sentir. Cohen siente la salvación en el amor, siente que la vida es un inmenso gracias a algo superior, un eterno aleluya.

Leonard Cohen es Lorca. Es la noche, la luna, la novia gitana. Cohen es el salón en Viena, el vals lleno de sí, de muerte y de coñac, el vals que nunca termina. Cohen y Lorca son los espejos donde juegan tu boca y los ecos. Cohen y Lorca son los  jacintos, las ventanas, las mujeres bonitas. Ambos son el deseo, la pasión, el fuego.

Leonard Cohen es mucho más que un hombre, un sentimiento, o un poeta muerto. Leonard Cohen es el suspiro de tu espalda cuando te emocionas, el último beso bajo la lluvia, la despedida de una carta escrita de noche. Leonard Cohen es lo que sientes, y no lo notas.

Hay vida más allá de Wikileaks

Aviso para navegantes: defiendo firmemente a Wikileaks, y creo que es lo que necesita la “democracia mundial”, si es que algún día nos atreveremos a usar ese término. Pero lo que no estoy dispuesto a aguantar es que el juicio contra Julian Assange, una persona más de Wikileaks (el jefe, pero no el único), colapse los titulares de medio mundo, mientras pasan miles de cosas ahí fuera. Pero claro, no tienen el embrujo deAssange, esa cara que aspira a convertirse en símbolo de la lucha del nuevo siglo, el sucesor del Ché Guevara.

¿Y qué es eso tan importante, que nadie le presta atención? Cosas rutinarias, oficiales, que antes servían para congregar a todo el mundo: la entrega de los premios Nobel (bah, un mero simbolismo del sistema capitalista), la cumbre del clima en Cancún (bah, una foto más para tapar bocas), por no hablar de la sempiterna guerra en África, esta vez personificada en Costa de Marfil (¿pero no estaban ya en guerra?). Pero además es que hoy iba a ser el final del sistema financiero, gracias al ex-futbolista y neo-filósofo Cantona (bah, se veía venir que era solo publicidad). Vamos, que temas, haylos.

Hagamos como propone Wikileaks: pongamos todo en tela de juicio. ¿Por qué ahora el boom es la detención de Assange? Ya vemos visto las nuevas noticias que han surgido. Pero además, ¿qué ha pasado con el campamento de Al Aauín? El conflicto ha crecido, pero no miramos al sur, sino al norte. ¿Qué ha pasado con el gran cambio que iba a suponer Wikileaks? ¿Couso? ¿Ley Sinde? El mandamiento número uno del gran “no-somos-periodistas-pero” es que ellos son solo el primer paso para el cambio, para mejorar la democracia: ellos revelan, nosotros actuamos. No olvidemos que muchos casos denunciados por Wikileaks no están cerrados, así que centrémonos en eso, en vez de apoyar esa cortina de humo que es el juicio contra Assange. Y por si acaso, bajaos su seguro de vida.

Internet nos viene grande

Tengo que decir algo: no me parece para tanto todo el follón suscitado con Fanta. Hablo del curso de community manager que sortea entre sus clientes. Vale, sí, que ser responsable de comunidades requiera una formación de mucho nivel, con conocimientos de comunicación y tecnología, y está claro que no todos los participantes la tendrán. Pero esto es simplemente por nuestra concepción de Internet.

Twitter echa humo con el tema #pagafantasmiles de blogs escriben entradas mucho mejores que esta, pero nadie ve más allá (o al menos yo no he encontrado). Internet ha sido siempre, y es todavía, un espacio misterioso, en el que no imperan las leyes normales, y cuyos dueños son jóvenes que operaban siempre desde sus garajes. Por eso, no debe extrañarnos este curso: va dirigido a jóvenes, los que conocen Internet y las nuevas tecnologías. Todos los que concursen, aunque sea en la sección de surf, tendrán perfil en Facebook y Tuenti, seguirán muchos grupos en MySpace y estarán nerviosos hoy por Lost, que habrán seguido desde Series Yonkis o similar.

¿Comunicación? Ese es el problema. La campaña de Fanta no daña a Internet, sino a la comunicación. El error no es considerar la carrera de community manager como un curso CCC, sino creer que la comunicación es crear perfiles en Tuenti y Facebook, y moderar un foro. Internet es mucho más que eso, pero no somos capaces de verlo. Por lo menos, siempre nos quedará el porno…

Escritores en la sombre, publicidad en la penumbra

Vengo del cine, de ver la genial El escritor, de Roman Polanski. Aunque todavía estoy maravillado con la película, todavía estoy traumatizado por la cantidad de referencias a empresas y marcas. Me parece sensato que aparezca CNN, ya que si bien es una marca, es un medio de comunicación que puede aportar realismo. Sin embargo, el anuncio central es de BMW, cuyo todoterreno es el primer personaje que aparece en la película. Además, su GPS marca toda una escena, al guiar al protagonista y al sonar una y otra vez la voz de BMW ConnectedDrive.

Sin embargo, esta no es la primera vez que aparece publicidad encubierta. TVE ha tenido que dar marcha atrás con Gran Reserva, que concentraba misteriosamente demasiadas etiquetas de los productos utilizados. Y mira que ya lo avisó José Mota, pero nadie le hizo caso. Resulta muy tentador no tener que parar los programas para percibir ingresos. Los informativos son un buen ejemplo, ya sea convirtiéndose en el escaparate de El Corte Inglés o en una biografía del cantante o director de turno. Pero lo peor de todo, es que ya lo vemos como algo normal. Y contra eso no nos puede salvar la unión de televisiones comerciales ni nadie. Solo nosotros.