Muchas gracias pero ¿para qué sirve?

El Telediario 2 de TVE ha sido elegido el mejor informativo del mundo. Del mundo mundial, se entiende. Lo que me pregunto yo, ¿no es demasiado mundial? ¿No hay demasiados servicios informativos en todo el mundo? Al enterarse de un premio así, lo primero que haces es buscar quién lo da, y por qué. La respuesta parece sacada del ministerio de propaganda de una dictadura: “13 criterios que han sido establecidos mediante una metodología académica desarrollada en universidades de Nueva York, Berlín y Oxford”.

Oye, ¡qué bien queda nombrar universidades de grandes ciudades, como si fueran las mejores! Yo, aunque tenga un título en sacador de cera de las orejas, quiero tenerlo en una universidad de Nueva York o Sidney. Me da igual que sea la Barnard College, una que tenga nombre inglés y sea en una ciudad grande, que eso llena mucho. Además, una compañía tan desconocida como es Media Tenor, ¡seguro que es buena, oye! ¿Alguien se ha preocupado en mirar de dónde es? Porque es alemán, no inglés, como podría parecer a simple vista.

Pero vamos, que esos títulos de “Mejor loquesea del mundo” me suena a fraude. Un ejemplo es el grupo de música Second, que ganó en 2004 un concurso en Londres, llamado “Global Battle of Bands” (Batalla global de Bandas). Y de repente, porque ese jurado lo eligió mejor que los otros 17 grupos que concurrían al certamen, son la mejor Banda revelación del mundo. Por supuesto, los medios se tragaron la palabra “revelación”, y empezaron a publicitarlo en 2008 como “la mejor banda del mundo”.Una palabra cambia todo, igual que un simple estudio de una simple consultora. A veces hay que mirar quién sostiene la zanahoria delante del burro, no vaya a ser que venga un golpe en vez de comida.

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Los humanos torcidos

Oba-mao (lo tenía que decir, me hace mucha gracia) está de tournée por Asia, que es muchísimo más interesante que la vieja prostitua chirriante que es Europa. Y no se le ocurre otra que ir a China y ponerse a defender los derechos humanos, aunque con ese don de los politicos de no decir nada. El resultado, un “Tengo una pregunta para usted” que no interesa ni a los americanos. Pero lo más llamativo de ese interrogatorio era una pregunta sobre Twitter, que también alberga comentarios sobre las eternas nalgas de Demi Moore.

Esta noticia contrasta con otra proveniente de Italia: Domennico Raccuglia, el número dos de la mafia italiana, es detenido. Tres cadenas perpetuas sobre él, pero no me importa eso. Lo llamativo es la gente reunida ante el edificio de la policía que lo detuvo, quienes saltaban ocultos bajo pasamontañas. Inmediatamente pensé en derechos humanos: los guardianes del orden que deben taparse la cara para hacer su trabajo no son guardianes, sino profetas. Con policías que se esconden para proteger a aquellos que podrían matarlos, esto no es un estado de derecho, sino de provecho de los peces gordos (que casi siempre tienen sobrepeso, por cierto)

Y de postre en esta macedonia de actualidad, el editorial de La Razón sobre el congreso del PP en Barcelona. Estudiando el Modelo Mediterráneo de comunicación de Hallin y Mancini, este es un buen ejemplo de clientelismo político. Cuando llegue al siguiente capítulo, encontraré más puntos interesantes. Pero de momento, sobran las palabras.

Si un muro cae, ¿qué pasa con la ventana?

Cuando el mundo mira hacia los fuegos artificiales en la puerta de Brandemburgo, hay que mirar hacia atrás. Fue en esta noche, entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938, cuando tuvo lugar la Noche de los cristales rotos. El comienzo del holocausto para muchos, una muestra del poder destructor del hombre para todos. Hoy la voz de Plácido Domingo sorprende a los dirigentes europeos, cómodamente sentados, dando palmadas al son de la música. Hace 71 años, los gritos de los niños cortaron la noche entre arañazos de fuego y sinagogas derretidas.

Hoy, que el ser humano se cree con derecho a mirar el orgullo con admiración, hay que ir más allá de lo pactado. Aunque Google todavía prefiera a Barrio Sésamo, la vida es dura. Muros florecen no solo en Palestina, sino también en Ceuta y Melilla, a las orillas del Río Grande o en los suburbios de Medellín o las tres mil viviendas en Sevilla. Retórica desgastada en discursos, en realidad son cárceles que no se ven, pero que aprietan y ahogan.

No puedo evitar sonreírme al ver a Sarkozy dar palmas, a Angela Merkel canturrear tímidamente el Berliner Luft. He de agradecer el montaje del Telediario de TVE, porque al final de las imágenes de la celebración ha sonado una voz muy distorsionada: Ich bin ein berliner. JFK estaría sin duda orgulloso de los sueños que hemos cumplido, y de cómo podemos ocultar con orquestas multiétnicas guerras y matanzas casi diarias. Bueno, y sin el casi.

Tú sí que naciste para seguir

Cerca del aniversario de la caída del Muro de Berlín, podemos encontrar dos tipos de sentimientos: el optimista, que cree en el potencial del ser humano, y el expectante, que advierte de que no podemos relajarnos. Justo en estas fechas me encuentro con el vídeo del nuevo sencillo de Bon JoviWe weren’t born to follow.  En él aparecen las típicas imágenes de qué guay que es el ser humano: tanques en Tiananmen, Martin Luther King, y demás conejos rosas.

Si el mensaje ya tenía poco valor, pierde todo al ver que es un calco de How far we’ve come, de Matchbox 20. Las mismas imágenes, los mismos fotogramas de la memoria histórica, como se suele decir. Ambos grupos son de los Estados Unidos, ¿es lo que se enseña allí? Bien podría ser, puesto que todas las imágenes son de triunfos americanos o pro-capitalistas: caída del Muro de Berlín, Nelson Mandela, incluso el movimiento ecológico, tan cool hoy en día. Sin embargo, en el de Bon Jovi hay una diferencia sustancial (aparte de Obama candidato/presidente): el elogio de los pequeños héroes: los bomberos (los nuevos americanos modelo), los niños con discapacidad e incluso Chesley B. Sullenberger III.

¿Efecto Obama? Sin duda, se ha producido un cambio en la mentalidad de la población. Y aunque no se puede hablar de manipulación (es un simple vídeo, no el New York Times), sirve de espejo de los ideales americanos. O al menos de los ideales en los que se basan los publicistas, que son quienes mejor conocen al pueblo. Nunca lo olvides: quien mejor sabe cómo piensas en quien te quiere manejar. Y lo peor de todo es que lo logrará.